PUNTO DE ACUERDO POR EL QUE EXHORTA A LOS GOBERNADORES DE LOS ESTADOS DE COAHUILA DE ZARAGOZA, NUEVO LEÓN Y CHIHUAHUA, A LIMITAR LA DIFUSIÓN Y PROPAGANDA DE LA TÉCNICA DE FRACTURA HIDRÁULICA (FRACKING), HASTA EN TANTO NO SEA APROBADA POR EL CONGRESO DE LA UNIÓN.

Los diputados proponentes Ricardo Mejía Berdeja y Ricardo Monreal Ávila, y la suscrita Martha Beatriz Córdova Bernal  integrantes del Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano de la LXII Legislatura del honorable Congreso de la Unión, con fundamento en lo dispuesto en el artículo 6, numeral 1, fracción I y 79, numeral 1, fracción II, del Reglamento de la Cámara de Diputados, presentan a esta soberanía el siguiente Punto de Acuerdo, conforme a las siguientes:

Consideraciones

El fracking es una técnica de extracción de gas y petróleo de yacimientos no convencionales, generalmente de formaciones de esquistos, mismas de las que se obtiene el llamado gas shale.

Estas formaciones geológicas se ubican a varios miles de metros de profundidad y para acceder a ellas se debe perforar hasta la formación que alberga los hidrocarburos, empleando una técnica de perforación mixta. En primer lugar, se perfora verticalmente y posteriormente se continúa de forma horizontal, con pequeñas explosiones, a lo largo de varios kilómetros.

Los múltiples impactos socioambientales de esta técnica son significativos. El uso intensivo del agua, que puede variar de 9 a 29 millones de litros por pozo, pondría en riesgo el acceso al agua necesaria para el uso doméstico de entre 5 a 15.9 millones de personas.

Además, a esa amenaza se debe agregar la contaminación de agua por sílice o metano, o la contaminación del aire y suelos que genera la acumulación del agua de deshecho en tinas contenedoras, los riesgos son demasiado altos para no considerarse.

Estas graves problemáticas ya son en sí suficientes como para oponernos rotundamente al fracking, pero éstos no son los únicos daños, pues también existen afectaciones en otro tema de vital importancia para la sociedad, esto es, en la violación de los derechos humanos generados por la implementación de esta técnica.

Durante la elaboración de los proyectos, la exploración y la explotación de hidrocarburos por medio del fraking se violentan diversos derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales de la población, especialmente de las comunidades cercanas y no sólo esto, sino que estas afectaciones pueden extenderse a comunidades o poblaciones lejanas a los proyectos y peor aún, afectar el presente y el futuro de generaciones.

Zonas que previamente eran rurales, cercanas a pueblos y comunidades se ven rodeadas prontamente por maquinaria muy pesada que realiza perforaciones profundas, con el consecuente aumento de tránsito por carreteras que usualmente eran poco transitadas, mismas que desembocan en carreteras de mayor afluencia que poco a poco se agrietan y maltratan por el aumento de tránsito, en especial de vehículos de carga.

El ruido en dichas zonas aumenta exponencialmente, volviendo estas zonas que son en su mayoría rurales, en áreas industriales en donde se realizan trabajos 24 horas al día, 365 días al año.

Disminuyen las condiciones de habitabilidad de las regiones en donde se establecen los proyecto, esto por supuesto afecta también el acceso a la educación en instalaciones adecuadas, los centros laborales, los espacios recreativos, así como el derecho a la libre determinación de los pueblos.

La migración de especies animales, o la extinción de las mismas, también está ligada al uso del fracking. La producción ganadera, así como el cultivo, se ven afectados prontamente pues –como ya hemos mencionado- la contaminación de aguas, suelo y aire es inmediata.

Con la implementación de esta técnica en el estado de Coahuila desde junio de 2013, es posible afirmar que a partir de la etapa del diseño de los proyectos, la opacidad y la violación al derecho de acceso a la información, el derecho a la consulta previa y a la participación son violentados.

Sin embargo, Rubén Moreira, gobernador de la entidad, descalifica totalmente a las organizaciones de la sociedad civil que están presentando la otra cara de la explotación del gas shale.

A pesar de las voces en contra, Moreira ha defendido en más de una ocasión el proyecto para extraer el combustible en Coahuila y ha dicho que quienes se oponen es porque no han entendido que el “fracking ya no es con explosiones, es con agua que se inyecta y se recicla para la obtención del energético”.

“La exploración se está haciendo en Estados Unidos, ha generado cientos de miles de empleos”, señaló a finales de marzo. “Yo les diría a todos que, ¿cuál es la alternativa? Esa es mi pregunta. ¿Cuál es la alternativa para una sociedad que requiere energía eléctrica?, ¿el petróleo, el carbón, la energía nuclear?”[1], cuestionó.

Pues bien, el ejemplo de Estados Unidos, lejos de ser la gran panacea que ofrece el gobernador, es un ejemplo de otras consecuencias, como si las ya mencionadas con anterioridad no fueran suficientes.

El caso paradigmático es el de la ciudad de Dish, Texas, en donde se descubrió tras un estudio, que la contaminación del aire en zonas cercanas a pozos de fracking contiene una cantidad de benceno (agente cancerígeno) muy superior a lo permitido. Esta contaminación puede deberse bien a la evaporación proveniente de las piletas donde se almacenan las aguas residuales o por fugas en los pozos de gas y tuberías, que contribuyen a aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero.

En 2011 un informe de la Casa de los Representantes de Estados Unidos dictaminó[2] que de los 2500 productos empleados en la fractura hidráulica, más de 650 contienen químicos potencialmente cancerígenos.

Esto pone en riesgo las aguas subterráneas y superficiales ya que la ‘sopa química’ que se inyecta durante la fractura puede filtrarse por problemas de cementación de las cañerías o migrar más allá de la formación geológica que se pretende intervenir, también derramarse durante su manipulación en superficie o tratamiento y disposición inadecuada de las aguas residuales.

Y sin embargo en México, los gobernadores Rubén I. Moreira en Coahuila, Rodrigo Medina en Nuevo León y César H. Duarte[3] en Chihuahua, plantean esta técnica como novedosa y segura, para lo cual incluso realizan publicidad en entrevistas o discursos.

Pero en contraposición, existe a nivel internacional la experiencia de países que se han sacado a la luz pública  las graves problemáticas. Francia y Bulgaria van a la cabeza, con una prohibición absoluta al fracking desde 2011 y 2012 respectivamente, o demos la batalla como Rumania, Sudáfrica, Alemania, República Checa, Argentina, España, Suiza, Italia, Irlanda del Norte, Irlanda, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Canadá e incluso algunos estados de Estados Unidos, que han logrado moratorias totales o parciales como medida precautoria ante el fracking.

Donde quiera que se ha llevado a cabo, la extracción de hidrocarburos por el método de fractura hidráulica o fracking ha suscitado amplios rechazos. Es un método que ha probado ser peligroso y dañino para la salud ambiental y para la salud pública en los sitios donde se ha desarrollado.

Coahuila está en el umbral de iniciar, teniendo la reforma energética de por medio, la explotación en gran escala de gas y petróleo por medio del fracking. En declaraciones de esta semana, el gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, declaró: “Respeto las posturas ecológicas. No las comparto porque creo que no se ha entendido cómo va a ser, ya no es con explosiones, es con agua, misma que se  recicla; esa agua que se inyecta se recupera, esa es la nueva operación”[4].

Si las proyecciones mencionadas hace tiempo por el propio gobernador son ciertas, en las que estimaba la perforación de diez mil pozos para Coahuila, estamos hablando de una cantidad entre 150,000 millones y 230,000 millones de agua en total. En una zona semiárida como el norte de Coahuila.

A diferencia del agua usada por la agricultura, las carboeléctricas o la cervecería de Nava, esta es agua realmente aniquilada, consumida a un punto de no retorno. Retirada del ciclo del agua. No es agua que se evaporará, que formará nubes que serán lluvia o que trasminará al suelo y llegará a los mantos acuíferos. No es agua que se recupera o que pueda reciclarse.

Tan sólo entre el 15 y el 20 por ciento del agua empleada vuelve a la superficie y se le almacena en tanques o en estanques forrados de geomembranas en donde permanecerá de manera indefinida. No es agua sino un coctel del que cada día se sabe más sobre su toxicidad. Además de los aditivos que se le añaden, el agua que vuelve a la superficie contiene otros contaminantes que arrastra de las rocas y otros materiales que contactó en su ir y venir.

En los campos de la formación Marcellus, en Pennsylvania, se han hallado niveles peligrosos de radioactividad en esta agua, además de altas concentraciones de hidrocarburos. Por el alto costo de tratar este 15 o 20 por ciento del agua que regresa, la industria prefiere reinyectarla miles de metros bajo la superficie terrestre, un ejercicio irracional y ridículo equivalente a barrer el polvo debajo de la alfombra para proclamar que el cuarto está ya limpio.

Mientras esta agua tóxica espera su destino final queda almacenada en tanques y estanques que a menudo tienen derrames accidentales o provocados.

Esta agua de desecho cuando es reinyectada en pozos muy profundos para deshacerse de ella es capaz de estimular fallas geológicas profundas y volverlas activas produciendo o incentivando terremotos en donde antes no temblaba.

William Ellsworth, investigador del Centro sobre Ciencia de los Terremotos, del gobierno de Estados Unidos, reportó, en julio de 2013, en un artículo llamado “Terremotos inducidos por inyección”[5] en la revista Science, que “varios de los terremotos mayores ocurridos en la mitad de los EUA en 2011 y 2012 pudieron haber sido provocados por pozos cercanos donde se reinyecta agua de desecho. El más grande fue un evento de magnitud 5.6 in Oklahoma central que destruyó 14 casas e hirió a dos personas”.

Coahuila y el mundo no enfrentan una crisis energética, enfrentamos una crisis de consumo. No hay energía que alcance para que todas y todos tengamos el último smartphone, o para que cambiemos de coche cada que las modas cambian. El problema es un modelo civilizatorio que con cada paso que da provoca desolación, destrucción y muerte.

El pasado 12 de marzo, el Congreso del Estado de Nuevo León exigió al Gobernador, Rodrigo Medina de la Cruz que, “de manera urgente”, conformara una comisión investigadora para determinar si el uso del método de extracción de gas shale, conocido como fracking, es el culpable del aumento de los sismos en la entidad.

Luego de que la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) presentara esa semana un estudio que relaciona el aumento de la actividad sísmica con la controversial técnica extractiva del fracking[6] en diversos municipios de Nuevo León, por unanimidad los diputados locales aprobaron el exhorto al Gobernador e incluso propusieron que se detenga su uso hasta que un grupo de expertos determine sus consecuencias.

Hasta ahora, no se ha recibido respuesta oficial a esta petición del Poder Legislativo local.

Fundado y motivado en las consideraciones antes expuestas, sometemos a su consideración el siguiente:

PUNTO DE ACUERDO

UNICO.- La Comisión Permanente del H. Congreso de la Unión, exhorta al Gobernador del Estado de Coahuila, Rubén I. Moreira Valdez; al Gobernador del Estado de Nuevo León, Rodrigo Medina de la Cruz; y al Gobernador del Estado de Chihuahua, César H. Duarte Jáquez a que, en el marco de sus responsabilidades, detengan cualquier tipo de difusión o propaganda, personal o de cualquier instancia de gobierno, destinada a publicitar la técnica de explotación y exploración de hidrocarburos por fractura hidráulica, fracking, a fin de garantizar el sano desarrollo y la buena calidad de vida de los habitantes de dichas entidades, así como la protección al medio ambiente de las mismas, hasta en tanto esta técnica sea rechazada o aprobada por el Congreso de la Unión.

Dado en la H. Cámara de Senadores de la República, a 03 de julio de 2014.