Muestra de ello es la iniciativa “La educación ante todo”, presentada por las Naciones Unidas (ONU) el 26 de septiembre de 2012, en ella se reconoce la capacidad de la educación para transformar vidas y construir sociedades más sostenibles, pacíficas y prósperas.

 

El día de la presentación de la iniciativa, el Secretario General de las Naciones Unidas, el señor Ban Ki-moon, dijo: “cuando damos prioridad a la educación, podemos reducir el hambre y la pobreza, poner fin al despilfarro de capacidades y aspirar a conseguir sociedades más sólidas y mejores para todos”.

 

Por ello, atendiendo a las directrices vanguardistas del Oficial Administrativo Jefe de la ONU, contenidas en su mensaje, se hace imperativo introducir al andamiaje jurídico del estado guerrerense que la educación no es simplemente un imperativo moral; sino que además, es la mejor inversión que se puede hacer con miras a construir una sociedad próspera, sana y equitativa.

Es importante señalar que, si bien es cierto, de acuerdo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en la tabla Datos clave para México en Panorama de la Educación 2015, se reconoce los logros educativos, en competencias y participación en el mercado laboral, que se ha alcanzado nuestro país, las tasas de matriculación en educación media superior y el porcentaje de población que ha alcanzado dicho nivel educativo ha aumentado, pero los niveles aún son bajos comparados con otros países de la OCDE y países asociados.

 

En este instrumento, se detalla, que de 2005 a 2012 la población de 25 a 34 años en México que habían alcanzado la educación media superior aumentó en 8 puntos porcentuales, de 38% a 46%. No obstante, este porcentaje es mucho menor que el promedio de la OCDE de 83%. Es decir, en nuestro país, sólo uno de tres adultos de 25 a 64 años de edad terminó ese nivel de educación.